17/01/2017

Efectivamente en Chile sabemos de problemas, pero también de desafíos, solidaridad y esfuerzo.

Por Paul Jeanneret, Gerente General, GR Ingeniería Industrial

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 Hecho en Chile


Cuando la economía mundial nos sacude de nuestra "estable" posición de crecimiento sostenido, se genera un espacio para la interesante discusión sobre el rol que queremos tomar como país en el futuro. Uno de los aspectos que se ha hecho patente, últimamente, es la fragilidad que posee una economía como la chilena, que es exportadora de materias primas e importadora de productos terminados.


Siempre está latente la tentación de pensar que nuestros problemas se deben a que somos un país con escasez de combustibles fósiles y poco terreno plano para el desarrollo de la agricultura o ganadería. A lo anterior se suma que Chile tiene volcanes y además está presto a que ocurran terremotos que derivan en tsunami.


Sin embargo, culpar al territorio no ayuda a salir de la situación en la que estamos. De hecho, hay países con peores condiciones geográficas y ambientales que el nuestro- Suiza, Finlandia, Japón, etc.-que pese a las dificultades han sabido sobreponerse, logrando competir a nivel mundial con intangibles, tales como: confiabilidad, seriedad, seguridad y tecnología.


Efectivamente en Chile sabemos de problemas, pero también de desafíos, solidaridad y esfuerzo. Y es que a veces pasamos por alto que vivimos en un país con excepcional potencial, para desarrollar exportaciones de servicios y manufacturas de alto valor agregado.


Si bien la apertura al mercado y la venta de comodities han ayudado al crecimiento y a aumentar los ingresos, la fragilidad que muestra nuestra economía nos indica que ha llegado el momento de recalibrar las brújulas.


Hoy contamos con una gran apertura comercial, tratados de libre comercio y además somos reconocidos, hasta ahora, como un país serio. Es por ello que tenemos la gran oportunidad de orientarnos hacia la exportación eficiente de valor agregado en sus diversas formas.


Chile tiene una serie de ventajas competitivas con respecto a tradicionales proveedores de bienes y servicios, tales como: Estados Unidos, Europa o Asia. Además cuenta con profesionales capacitados y acuerdos impositivos y aduaneros que simplifican los trámites de exportación. El lenguaje e idiosincrasia, al igual que el huso horario, también son beneficiosos, pues van acorde con el gran mercado (Latinoamérica). Otro aspecto positivo es que el país posee zonas libres de enfermedades y pestes.


En la Región de Valparaíso las cosas no son muy distintas, pues tiene grandes puertos marítimos y terrestres, que permiten el intercambio comercial con todo el mundo, cuenta con reconocidas universidades y también existe una diversidad industrial que permite comenzar o perfeccionar la oferta exportadora.


Un cambio como el antes señalado involucra esfuerzos a todo nivel. De ahí que nuestro rol sea impulsar las economías de la región, transformando el capital humano en valor agregado, aumentando la movilidad social, invirtiendo en capacitación y aportando a la descentralización.


Si bien el esfuerzo de las industrias de la zona es importante, también es necesario enfrentar este desafío con una política de estado, independiente del gobierno de turno.


No me cabe duda que Chile ha avanzado bastante, sin embargo aún queda un largo trecho por recorrer, por lo que es fundamental dar pasos firmes hacia el futuro. Para esto se requiere que exista un clima de confianza, basado en estrategias claras y acuerdos macro para cimentar la transformación que permitirá paliar de mejor manera los vaivenes del mercado.


El camino es probablemente más largo y difícil de lo que se cree, y cada puesto de trabajo, empresa, rubro, región y país tiene sus desafíos y oportunidades. Lo importante para seguir avanzando es hacer las cosas con excelencia, de tal manera que la industria pueda sentirse orgullosa del trabajo realizado y los clientes satisfechos con los productos y/o servicios entregados. Luego de esto el país está listo para abrirse al mundo.